12 julio 2008

Iglesia de María Auxiliadora

Puesto que está admitido que los dioses son indistintamente verdaderos, ¿por qué detenerse a medio camino, por qué no predicarlos todos? Sería por parte de la Iglesia una realización suprema: perecería inclinándose ante sus víctimas... Hay signos que anuncian que siente esta tentación. Así, al modo de los templos antiguos, se sentiría honrada recogiendo las divinidades, los residuos de todas partes. Pero, una vez más aún, es preciso que el verdadero dios se oculte para que todos los otros puedan resurgir.
Texto de E.M. Cioran, El aciago demiurgo.

No hay comentarios: